El amor humano vs. divino

Pbro. Carlos César González Cruz.
Queridos hermanos, debemos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. 1 Jn. 4:7-8

¿Se puede amar a alguien con algún defecto físico?
¿Puedes amar a alguien que no piensa como tú?
¿Puedes amar a alguien que no te comprende y que también no comprendes?
¿Puedes amar a alguien con problemas emocionales, o mentales?
¿Puedes amar a alguien que te causó algún daño?
Si tu respuesta es, “depende de quien sea”, para algunos, no depende a quien sea, su respuesta es sí, y otros un rotundo “No”.

Pero, ¿Merecen ser amados? pero, ¿Qué le sucedió a Caín que le hizo odiar a su hermano hasta matarlo? ¿Qué le llevó a Judas para traicionar a su maestro?
¿Qué lleva a las personas corromperse y matar? ¿Qué le hace pensar en el prójimo para hacerle daño? Y, ¿qué hace que también se les desprecie por esos actos?

¡Bien merecido tiene un malvado que lo odien y desprecien! Sin embargo, Dios mismo nos acerca a Él, nos transforma, nos cambia y nos entrega el ministerio de la reconciliación para reconciliarlos con Dios y con el prójimo. El malo deja de hacer lo malo cuando el bueno se acerca y le da el mensaje de Dios, un mensaje de fe, esperanza y restauración.

“Y Cristo por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 2 Cor. 5: 15,18-20.

El evangelio crea una línea vertical entre al hombre y Dios, a la vez una línea horizontal entre el hombre y su prójimo, ambas hacen una cruz, la cruz de Cristo.
¡Bendiciones amigos y hermanos caminantes del camino!

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