Misión Evangélica: El segundo Domingo de Adviento

Ya por medio de todos los profetas y videntes, el Señor había advertido a los israelitas que se convirtieran de sus malos caminos y cumplieran los mandamientos y leyes de toda la enseñanza que él había dado a sus antepasados por medio de sus siervos los profetas. 2 Reyes 17:13.

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.1 Juan 1:9.

Las promesas de Dios suelen olvidarse. Hay tantos distractores que nos hacen voltear y ver a otro lado. Han pasado cientos de años, La promesa del Jesucristo de volver y los gritos de arenga de sus discípulos diciéndonos que pronto volvería y él sin volver, puede hacer llevarnos a la duda. El malo sigue en su maldad, el perverso avanza en mala vida, los débiles son vencidos por los poderosos en los tribunales, en las calles, en todos lados. ¿De qué sirve creer en Dios? ¿Ayuda en algo ser íntegro? ¿Dónde está Dios cuando los justos son atropellados por los impíos? ¿En realidad hay un Dios que ve y juzga, si lo hay por qué no interviene? ¿A caso no hemos hecho algunas de estas preguntas los fieles? ¿A caso los fieles no hemos sido tentados y hasta hemos caído siguiendo el camino de los malvados? ¿Cuántos de nosotros hemos abandonado la fe? Tal vez por inercia nos reunimos en la comunidad cristiana, seguimos con los ritos de leer algo la Biblia, orar un poco y ayudar un poco. Las vírgenes prudentes también cabecearon y durmieron como las insensatas en la espera del esposo; Asaf, un sacerdote confiesa en el Salmo 73:2-3; 12-13; 21-22; 17.

__ Casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos.

__ ¡Miren a estos malvados! Con toda tranquilidad aumentan sus riquezas. ¡De nada me sirve tener limpio el corazón y limpiarme las manos de toda maldad!

__ Yo estuve lleno de amargura y en mi corazón sentía dolor, porque era un necio que no entendía; ¡era ante ti igual que una bestia!

__Sólo cuando entré en el santuario de Dios comprendí a dónde van ellos a parar.

Juan el Bautista, sabía quién era Jesús, lo señaló ante todos, lo bautizó y dijo que era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Sin embargo, cuando Herodes lo captura y lo encarcela porque Juan le denunciaba públicamente su pecado al haberle quitado la mujer a su hermano, Juan titubea en su fe, manda a sus discípulos a preguntar: “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?”. Posteriormente, Juan fue decapitado por Herodes.

Jesús dijo a los discípulos de Juan lo que hoy nos diría a nosotros: __ ¡Y dichoso aquel que no pierda su fe en mí!

Amigos y hermanos del camino de la fe, No perdamos la confianza en él, Nos prometió que volvería, ¡Lo hará! ¡Encendamos nuestra segunda vela de esperanza! ¡Iluminemos más nuestras vidas hasta disipar las tinieblas de maldad!

SJ. Carlos César González Cruz.

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