Misión Evangélica: Las piedras vivas

Ustedes son las piedras vivas con las cuales Dios edifica su templo espiritual. Además, son sacerdotes santos. Por la mediación de Jesucristo, ustedes ofrecen sacrificios espirituales que agradan a Dios.
1 Pedro 2:5.

Llegó ya septiembre, mes patrio. Muchos preguntan, ¿Qué me traerá septiembre? Están a la espera de que sea mejor mes. Yo les preguntaría ¿Qué tiempo le darás al tiempo en septiembre? ¿No crees que cambiar de forma de pensar es mejor? Si siembras lo mismo, seguirás cosechando lo mismo.

La Biblia nos relaciona con piedras vivas, piedras que se mueven, que son proactivas que saben acomodarse. Claro que las piedras que conocemos son inertes, no se mueven, no caminan; pero sí se usan para edificar. Pues esas piedras que razonan, que piensan que se pueden mover para acomodarse y edificar, esas seríamos nosotros.

La espiritualidad no es religiosidad, no es fanatismo que de vivir como ermitaño apartado del mundo malvado en una burbuja de falsa espiritualidad.

El sacerdocio tiene que ver con una mediación entre el malvado y Dios. El sacerdote recibía al pendiente y lo unía a Dios.

En el sacerdocio universal de los creyentes en Cristo, somos llamados a ser «Piedras vivas», objetos movibles de edificación. Sabemos por sentido común lo que es bueno, lo que edifica, lo que es reparar, reconstruir, lo que agrada a Dios. ¿Es necesario hacer tanto ruido religioso para saber lo que Dios quiere que hagas?
¿Necesitas apartarte para conocer lo que Dios te manda hacer?
¿A caso crees que Dios te hará una llamada telefónica? ¡Claro que no!

«Este es el nuevo pacto que haré con mi pueblo en aquel día, dice el Señor: Pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su mente». HEB. 10:16.

¿A caso no nos habla Dios y nos dice lo que es bueno o malo a través de lo que llamamos conciencia? ¡Claro que sí! El Fuego quema, el cloro despinta, el agua moja, etc. Cuidamos no quemarnos, no salpicados con el cloro, cuidamos que el celular no se nos carga al agua. Así cuidemos que nuestra vida no sé amargue, no sea infeliz, no viva inútilmente.

Una vida que presume tener el gozo del regalo del evangelio de Cristo, debe reflejarlo en el rostro. ¿Sabe tu rostro que tienes un Dios maravilloso que te ama, te cuida y te sostiene?

NO se trata de ver cuanto sabes de Dios, de la Biblia, del cristianismo, sino lo que haces con lo que sabes.

¡Vive, disfruta y sé un Cristiano que sea de edificación en el Reino de Jesucristo.
¡Ya es septiembre!

Bendiciones amigos y hermanos del camino de la fe. SJ. Carlos César González Cruz.

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